sábado, 10 de septiembre de 2011

Una botella al mar

Lancé una botella al mar con un mensaje. Algo típico, pero creo que cometí un error, la lancé con mi corazón dentro. Tengo la impresión de que pesaba demasiado y se ha hundido en el fondo del mar.

A veces cuesta más recuperar tu corazón que esperar a que vuelva solo. Pero ya no hay otra solución, tendré que bucear, con el riesgo de ahogarme en el intento. 

Esperando vas ahogándote y ahogando tu vida, pero dándote por vencido también corres el riesgo de ahogarte. Ahí el dilema entre luchar o no luchar. La razón determina que hay que darse por vencido porque esa botella lanzada nunca va ser devuelta por la persona amada; pero el corazón no sabe nadar, y cree que está mejor bajo el mar, dentro de la botella, que saliendo de ella e intentando subir a la superficie.
Al final la única solución lógica, será darse por vencida. Tendré que lanzarme a recoger mi corazón, pero es que sin mi delfín me falta el aire…

Entrenaré lo más deprisa que pueda, porque ya mi delfín no lo va a notar ni tener en cuenta, como siempre, este corazón es invisible para él.

Si hubiese lanzado la botella sólo con el mensaje, sin el corazón, cualquiera que la encontrara podría devolvérmela, pero así sólo puedo ir yo en su busca.
Porque se puede vivir sin corazón, divertirte, salir, quedar… pero no es justo que no entregues tu corazón a cada paso que das.

Aquí empieza mi peligroso y largo viaje al fondo del mar. Espero poder seguir siendo fuerte y no ahogarme por el camino. Aunque seguro que me entretengo con mi delfín… espero no perder demasiado tiempo y se me acabe el aire, o si pasa el tiempo sea tiempo ganado para estar a su lado. (aunque por mucho que pese, hay que ser realista)