lunes, 8 de septiembre de 2014

Navegando por la vida

Aunque el blog fue creado para publicar escritos melancólicos... Me gustaría darle un golpe de timón y cambiar su rumbo.

Se dice que cuando eres feliz no tienes tiempo ni piensas en nada más que en vivir ese momento al máximo, y así es. Antes sólo escribía cuando me invadía la tristeza, pero me gustaría escribir también sobre la felicidad. Porque siempre hay más felicidad que tristeza.

Hay momentos en que sentimos que hemos naufragado, pero simplemente es un cambio de dirección, la vida no es un camino recto, hay baches y curvas que debemos sortear para llegar a nuestro destino final. A veces olvidamos que tenemos el control sobre nuestro rumbo, nos dejamos llevar por las corrientes marinas, algunas favorables, otras no, pero al final, la vida siempre se va encauzando en la dirección correcta. En ese barco podemos viajar solos o acompañados, y aunque haya camarotes para ser independientes, soy feliz de compartir la embarcación con personas maravillosas, auténticos corazones andantes, llenas de energía positiva, inteligentes, sensatas, exigentes, con sueños que alcanzar, luchadoras, trabajadoras... Cada persona que me acompaña en mi viaje me transmite serenidad, pero a la vez me exprime para sacar lo mejor de mi misma. 
Nuestro camino no es perfecto, pero lo vamos construyendo nosotras/os mismas/os, con esfuerzo e ilusión, los obstáculos que aparecen los superamos juntas/os, y las alegrías también.
Siempre hay mucho cariño y muchas sonrisas :)


martes, 29 de julio de 2014

Microcuentos

Durante un tiempo estuve escribiendo unos "Microcuentos" sobre sentimientos y, aunque ya haya pasado tiempo de eso, finalmente he decidido publicarlos en una misma entrada:

1- Se preocupaba de que ella no sufriera, porque la quería, no podía soportar pensar que algún día podía hacerle daño, pero se olvidó de que, por ello, la que acabaría sufriendo sería ella misma.

2- El amor es ciego, tanto que hace creer a los que lo sienten que están viviendo una historia mágica.

3- Jugaron a quererse, sin contar que una de las partes acabaría queriendo de verdad, la otra cambió de juguete.

4- Se acercaban al temido precipicio... No querían caer, pero si se enamoraban caerían. Ella se enamoró, la otra la dejó caer.

5- Verla feliz era su mayor felicidad, tanto que olvidó lo que era ser feliz sin poder hacerla feliz nunca más.

6- Se aferró tanto a ella que cuando ella la abandonó, quedó vacía, sin rumbo ni razón. Se volvió loca.

7- Después de sentir como ella siente, profunda y sinceramente, no temporalmente, se quedó con mil interrogantes sobre el sentir de su baby, buscando sin cesar una respuesta.

8- Había tenido una intuición interestelar sobre ella, gracias a la cual nunca perdió el 100% de su cordura, esa que le mantenía alerta para no dejarse cegar, pero sin darse cuenta estaba perdiendo la visión, sentía que, en ocasiones, no había sido dueña de su mente ni de sus palabras. Acabó teniendo que rasgarse los párpados para encontrar esos ojos perdidos. Los ojos de la razón.

9- Se sentía culpable por cualquier cosa, llegó a pedir perdón a la persona que le había hecho daño... ¿Lógico? Quizá no... Pero su consciencia por sus errores era más elevada que la de la otra persona.

10- Te quiero. Te quiero. FIN.

domingo, 26 de enero de 2014

El naufragio

Érase una vez, estaba yo divagando por el mundo, había logrado rescatar mi corazón y subir a un barco. Estuve navegando tranquilamente hasta que 7 meses atrás me encontré con un pececillo (era otro animal pero por encajarla en el rumbo del blog, será pez) Durante un tiempo estuvimos ella nadando y yo navegando en distintas aguas, compartiendo momentos y cariño, hasta que por fin, hace 3 meses nos encontramos en el mismo mar, yo me lancé al agua junto a ella, con miedo por volverme a ahogar, pero intentando dejar el barco cada día más lejos, estaba tan asustada y preocupada por una situación sentimental de mi pececilla, que quería estar cerca del barco por si acaso, pero poco a poco fuimos nadando más deprisa que el barco y entramos mar adentro. Desde entonces nadábamos felices juntas, cogiéndonos de nuestras aletas, abrazándonos, compartiendo oxígeno, quitándonos el oxígeno y viviendo miles de momentos, todo era bonito, subíamos a la superficie, veíamos la luz del sol, de la luna, incluso llegamos a las estrellas, fuimos muy felices.
De repente, un día, apareció otro pez que se quería llevar a mi pececilla como fuese. Mi pececilla se fijó en ella, dudó y usó su memoria de pez para olvidarse de mi y lo vivido conmigo y se fue nadando junto a ella. Supongo que era lo normal, son dos peces… iguales, las dos con la misma memoria, viviendo el momento, sin pensar realmente en un futuro con alguien...
Yo, por mi parte, volví a descender a las profundidades marinas, cada día hundiéndome más.
Veo el barco en el que navegaba sobre mi, mis amigas vienen a rescatarme, me echan una mano para que suba, pero no puedo, sigo anclada en los recuerdos y en mis sentimientos. Me avisan que el barco va a naufragar, que vamos directas hacia una roca afilada, pero no puedo subir a mi barco, debería luchar por subir, tomar el control del barco, dar un golpe de timón y evitar el más doloroso aún naufragio. Pero sigo abajo, observando a mi pez… O subo ya o me pierdo. Quizá un día aparece una sirena y me rescate, quizá yo sea una sirena y por eso vivo en las profundidades…