Érase una vez, estaba yo divagando por el mundo, había
logrado rescatar mi corazón y subir a un barco. Estuve navegando tranquilamente
hasta que 7 meses atrás me encontré con un pececillo (era otro animal pero por
encajarla en el rumbo del blog, será pez) Durante un tiempo estuvimos ella
nadando y yo navegando en distintas aguas, compartiendo momentos y cariño, hasta
que por fin, hace 3 meses nos encontramos en el mismo mar, yo me lancé al agua
junto a ella, con miedo por volverme a ahogar, pero intentando dejar el barco
cada día más lejos, estaba tan asustada y preocupada por una situación sentimental de mi pececilla, que quería estar cerca
del barco por si acaso, pero poco a poco fuimos nadando más deprisa que el
barco y entramos mar adentro. Desde entonces nadábamos felices juntas,
cogiéndonos de nuestras aletas, abrazándonos, compartiendo oxígeno, quitándonos
el oxígeno y viviendo miles de momentos, todo era bonito, subíamos a la
superficie, veíamos la luz del sol, de la luna, incluso llegamos a las
estrellas, fuimos muy felices.
De repente, un día, apareció otro pez que se quería llevar a mi pececilla como fuese. Mi pececilla se fijó en ella, dudó y usó su memoria de pez para olvidarse de mi y lo vivido conmigo y se fue nadando junto a ella. Supongo que era lo normal, son dos peces… iguales, las dos con la misma memoria, viviendo el momento, sin pensar realmente en un futuro con alguien...
Yo, por mi parte, volví a descender a las profundidades marinas, cada día hundiéndome más.
Veo el barco en el que navegaba sobre mi, mis amigas vienen a rescatarme, me echan una mano para que suba, pero no puedo, sigo anclada en los recuerdos y en mis sentimientos. Me avisan que el barco va a naufragar, que vamos directas hacia una roca afilada, pero no puedo subir a mi barco, debería luchar por subir, tomar el control del barco, dar un golpe de timón y evitar el más doloroso aún naufragio. Pero sigo abajo, observando a mi pez… O subo ya o me pierdo. Quizá un día aparece una sirena y me rescate, quizá yo sea una sirena y por eso vivo en las profundidades…
De repente, un día, apareció otro pez que se quería llevar a mi pececilla como fuese. Mi pececilla se fijó en ella, dudó y usó su memoria de pez para olvidarse de mi y lo vivido conmigo y se fue nadando junto a ella. Supongo que era lo normal, son dos peces… iguales, las dos con la misma memoria, viviendo el momento, sin pensar realmente en un futuro con alguien...
Yo, por mi parte, volví a descender a las profundidades marinas, cada día hundiéndome más.
Veo el barco en el que navegaba sobre mi, mis amigas vienen a rescatarme, me echan una mano para que suba, pero no puedo, sigo anclada en los recuerdos y en mis sentimientos. Me avisan que el barco va a naufragar, que vamos directas hacia una roca afilada, pero no puedo subir a mi barco, debería luchar por subir, tomar el control del barco, dar un golpe de timón y evitar el más doloroso aún naufragio. Pero sigo abajo, observando a mi pez… O subo ya o me pierdo. Quizá un día aparece una sirena y me rescate, quizá yo sea una sirena y por eso vivo en las profundidades…